Nuestros orígenes
En 1617, en Chatillón les Dombes, comienza una nueva forma de entender la caridad. Comienzan las “Cofradías de la Caridad” con el objetivo era organizar la ayuda material y espiritual de los pobres.
La providencia hace que se encuentren Luisa de Marillac, sensible a las dificultades de su entorno, y Vicente de Paul; juntos animarán e impulsan las Cofradías de la caridad. Una joven, Margarita Nasseau, humilde campesina que dedicó su vida a cuidar incansablemente de los enfermos de París, les dará la clave para avanzar hacia los caminos de Dios.
La fundación de las Hijas de la Caridad nació en respuesta a la necesidad de atender a los más desfavorecidos de la sociedad de la época. Tuvo lugar en 1633 en París, Francia, cuando San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac reunieron a un grupo de mujeres dispuestas a consagrarse al servicio de Dios a través del cuidado de los más necesitados.

Las primeras Hijas de la Caridad se comprometieron a dedicar su vida a la caridad y a seguir el ejemplo de Cristo en su labor de servicio a los más vulnerables. La Compañía se expandió por toda Europa y posteriormente por todo el mundo, llevando consuelo y ayuda a aquellos que más lo necesitaban. En 1790 las Hijas de la Caridad llegan a España. Actualmente, la Compañía es internacional y está presente en los cinco continentes.
La fundación de las Hijas de la Caridad marcó un hito en la historia de la caridad y la asistencia social, al establecer un modelo de servicio desinteresado y comprometido con los más necesitados. A lo largo de los siglos, las Hijas de la Caridad han continuado su labor en diferentes partes del mundo, adaptándose a las necesidades cambiantes de la sociedad y manteniendo viva la llama del carisma fundacional de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac. Su dedicación y entrega han sido reconocidas y admiradas por personas de todas las creencias y culturas.
Luisa de Marillac
Luisa de Marillac nació en el siglo XVI. Sin embargo, es muy cercana a nuestras preocupaciones cotidianas. En medio de las vicisitudes de su vida, abrió progresivamente su corazón a la luz de Dios.
En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.(Mt 25, 40)
No basta con ir y dar, sino que es necesario un corazón purificado de todo interés, … tenemos que tener continuamente ante la vista nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo a cuya imitación estamos llamadas, no solamente como cristianas, … para servirle en la persona de los pobres. Santa Luisa (C. 257)
Vicente de Paul
Vicente de Paúl fue reconocido santo por la iglesia en 1737 y declarado patrono de las obras caritativas. Como cada uno de nosotros, la santidad del señor Vicente tiene un largo camino que lo condujo a Dios. Su impulso fue aventurarse a abrir los oídos de su corazón al soplo del espíritu, día tras día.
En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25, 40)
Tenéis que pensar con frecuencia que vuestro principal negocio y lo que Dios os pide particularmente es que tengáis mucho cuidado en servir a los pobres que son vuestros señores. Sí, hermanas mías, son nuestros amos. … Tenéis que tener cuidado de que no les falte nada en lo que vosotras podáis, tanto para la salud de su cuerpo, como para la salvación de su alma.

